AutoeSTEMa: Primeros pasos
- Iker Cesar C.
- 8 jun 2025
- 7 Min. de lectura
Ahora que estoy a pocos meses de seguir con mis estudios en matemáticas y estadística en UK (y después, donde me lleve el viento del dinero), he decidido comenzar con una serie de artículos sobre algo que muchos amigos y estudiantes me llevaban preguntando bastante: cómo he pasado de estudiar economía, con las esperanzas de trabajar en bancos centrales, a pasar a estudiar estadística y matemáticas (sobre todo aplicado a finanzas) y con suerte doctorarme. La verdad que no soy el primero en hacer esto claramente, pero creo que nadie lo ha hecho como yo. De eso estoy seguro. Y por tanto, ahora voy a explicar como me inicié en esto, dejando los artículos futuros para explicar mi evolución y otros aspectos y vivencias importantes hasta llegar a hoy.
Siempre hablo sobre como la asimetría de la información es el problema más importante que un estudiante en España tiene que combatir por sus efectos a corto y largo plazo, y creo que uno de los mejores ejemplos de esto es el inicio de todo: mi bachillerato. Siempre me voy a acordar del día en que mi madre me llevó a la entrevista del bachillerato al que finalmente asistí, porque la directora me presentó una pregunta muy importante: ¿quería hacer el bachillerato social o el tecnológico? Toda mi vida he sido un obseso de Fallout (la mejor saga de videojuegos de supervivencia en mi opinión) y de los libros, y esta combinación resultó en una gran fascinación por mi parte en dos cosas: la creación de máquinas y otros artefactos tecnológicos y cómo funcionaban las sociedades. Ya desde pequeño era bastante bueno (no como ahora) con las matemáticas y trasteaba con Arduinos, pero también vendía mis dibujos a mis compañeros de clase (aprovechando que los fotocopiaba en casa y aprovechaba las economías de redes y escala) y discutía sobre economía y derecho con mi abuelo. Esta decisión era muy difícil para mí, pero sabía que siendo yo, el social sería lo que más eficiente me sería para llegar al grado de Economía en la Pompeu, así que me decanté por eso.
Esta fue la primera vez que la asimetría de la información jugó en mi contra: si mis padres, la gente de mi entorno o yo hubiera sabido que las matemáticas y la estadística suelen necesitar una formación más rigurosa y analítica y que aparecen naturalmente en economía y muchas más áreas como en las finanzas, como otros alumnos sí que sabían según lo que me enteré, entonces hubiera escogido el tecnológico sin dudarlo. Pero como el social era para gente que quería estudiar humanidades y "ciencias" sociales, en teoría, pues la opción parecía clara. En todo caso, el primer año lo pasé bastante normal (no era muy interesante y aproveché más en ir con mis colegas y ganar "calle") y, como lo había pasado bastante normal, entonces en segundo me puso muchísimo más las pilas y aumenté bastante mi media para poder tener la nota necesaria. Tengo que decir que, aunque hice el social, sí que me prepararon bastante bien para la selectividad porque incluso hice las matemáticas del científico (estudie sus temas un mes antes) y saqué muy buena nota. No obstante, me resto una nota de bachillerato notable y aunque entré en la carrera deseada, fui la penúltima nota de corte (la nota de corte es uno de mis grandes amigos, que ha acabado bastante bien).

Cuando llegué a la universidad, otro toque de realidad (cortesía de la asimetría de la información) fue darse cuenta de tres cosas:
Estás absolutamente solo: a los profesores, comúnmente, les das igual y hay demasiados alumnos (muchos de ellos, incapacitados) como para preguntarles sobre los temas importantes de la asignatura. Por lo tanto, mejor espabilar por tu cuenta.
Existe una discontinuidad de salto en la función de dificultad académica. Como los bachilleratos preparan a los alumnos como bien les viene en gana, les suben notas para que tengan más oportunidades de entrar a la carrera, no los educan para pensar (solo para repetir mecánicamente procedimientos), entonces llegar a un punto en el que ahora hay que pensar y ser crítico y autodidacta es bastante difícil.
Habían alumnos que este juego o lo superaban fácilmente o ya se lo sabían. De alguna manera, me pude juntar con gente que al parecer ya tenía información sobre cómo iba a ser esto, y por tanto aprovecharon el tiempo que la gente perdía saliendo de fiesta para crear una base sólida en algunos aspectos académicos importantes y poder buscar oportunidades académicas y laborales desde que entran.
Cuando entendí esto, apreté bastante fuerte y planeé literalmente los siguientes 5 años de mi vida para poder llegar a los puestos y resultados que quería (tengo un Excel aún en donde el plan está escrito desde 2018), pero acabé únicamente en el Top 20% de la promoción en mi primer año. Esto era bastante decepcionante, dado que me gustaban las materias y pensaba que ya había hecho mucho, aunque claramente no era suficiente. Por lo tanto, el segundo año forcé la máquina mucho más, leyendo muchos más libros de economía y haciendo bastantes ejercicios, y mejoré bastante mi nota, acabando ahora en el Top 20 estudiantes de la promoción. Durante este "apretón", descubrí una cosa muy interesante de los estudios de economía: una buena base matemática y una capacidad interpretativa de estas matemáticas hacía que absolutamente todas las asignaturas fueran fáciles. A mi las matemáticas de primero de carrera no me fueron tan bien porque les puse poco interés, pero desde que comencé a ver los modelos de microeconomía, de macroeconomía y de finanzas, entendí su importancia y, al volver a repasar los fundamentos de libros, pude comenzar a manejar todo con una facilidad increíble. No obstante, resulta que me tope con algo mucho más grande de lo que pensé.
Cuando comencé los libros de álgebra lineal, cálculo y EDOs, la teoría me absorbía mucho más de lo que me absorbían mis asignaturas de la carrera. Me encantaba las herramientas que podía usar para resolver problemas, y parece que encima eran más abundantes en finanzas que en otras áreas de la economía (aunque en macroeconomía había mucho también). Durante el verano, comencé a estudiar muchos más temas de los necesarios en esos libros, y me preguntaba a mi mismo sí habría algo que combinara estas matemáticas y las áreas de macroeconomía y finanzas (que no fuera econometría). Y aquí es cuando entró en mi carrera la asignatura de "Derivados Financieros y Gestión del Riesgo".
En esa asignatura, entendí que la respuesta a esa pregunta era afirmativa: las finanzas cuantitativas. Me obsesioné muchísimo. Me leía libros, me veía muchos documentales, seguía videos en YouTube y me metí de lleno en LinkedIn. Cuando mis colegas hablaban de cómo admiraban a Messi y a los de la Isla de las Tentaciones, yo estaba esperando mi oportunidad para poder hablar sobre Jim Simmons, Ed Thorpe, Paul Wilmott, Jim Gatheral, etc. Literalmente tuve pósters suyos en la habitación, estos eran mis ídolos ahora. Viendo mi obsesión, el nivel de matemáticas requerido, la combinación de diversas áreas económicas que ya me interesaban previamente y las múltiples posibilidades en el área de finanzas, hablé con el profesor de la asignatura, el Dr. Raúl Merino, y me recomendó que hablara con la Dra. Elisa Alós para más guía. Y ahí fue cuando todo cambió para mí. Ella fue muy amable conmigo y se mostró contenta de que me gustaran las matemáticas y las finanzas, dado que ella se dedicaba a este área. Ella me enseñaba bastantes cosas relacionadas a lo que sería mi trabajo de final de grado y de la asignatura de derivados, pero siempre me decía lo mismo: se necesitaba una base matemática fuerte para poder hacer esto bien. Además, yo notaba mi incapacidad de seguir algunos desarrollos suyos, y me quemaba bastante por dentro.

Resulta que había encontrado algo que me encantaba, pero que lo mejor para realizarlo literalmente era hacer matemáticas de carrera o un doble con economía. Esto me quemaba mucho por dentro, y al final tomé una decisión drástica. Le dije a Elisa que quería ser de los mejores "quants" del planeta, y que estudiaría matemáticas puras desde cero para llegar a ello, y que si ella me podía guiar. Ella misma me dijo que hacía bien en lo de las matemáticas, y me recomendó apuntarme al programa de estudio avanzado para estudiantes de grado en la BSE, donde ella impartía una asignatura más avanzada aún de derivados y había otra llamada "macro-finanzas" (trivial saber de que iba por el nombre). Esto me dio, por lo tanto, un objetivo desde el primer trimestre de tercero: tenía que hacerme un doble grado no homologado en matemáticas y en economía, haciendo todo lo que pueda de mates puras mientras sigo manteniendo una media muy alta en lo otro.
Esto obviamente era muy difícil, pero de alguna manera me motivó bastante y fui a muerte con ello. Entendí, posiblemente por ver demasiadas películas y anime, que el éxito en esto nunca sería determinado por mi capacidad intelectual porque nací sin ningún talento y lo sabía. No sería como Jim Simmons, como Ramanujan, u otros talentos en sus áreas. Pero siempre podía ser como Cristiano Ronaldo: siempre podía meter más horas que nadie, porque la letra con sangre entra. Y todas esas horas compensarían mi falta de intelecto extraordinario si asumía que tenía el suficiente para leer los libros y hacer varios ejercicios. Todo era cuestión de mi visión personal sobre mi capacidad y donde estaba mi apalancamiento en esta tarea. Todo era cuestión de autoestima y concienciación de mi yo.
Fue a partir de ese momento, el primer trimestre de tercero de carrera, que mi vida iba a hacer una pirueta bestial e iba a descubrir aquello a lo que me quiero dedicar toda mi vida: las matemáticas y la estadística (las finanzas, a día de hoy, solo son un área de aplicación de lo que me gusta, aunque comenzó todo allí). Cogí el plan quinquenal de mi carrera, lo cambié entero y consideré cada detalle sobre lo que estudiar, a qué aplicar, cuando, etc. Comenzando aquí, el tempo de mi vida se aceleró infinitamente, pero creo que es una de las mejores experiencias de mi vida. En el siguiente artículo, explicaré que ocurrió a partir de tercero y cómo pude estudiar todo y llegar a entrar a maestrías bastante matemáticos sin una carrera STEM. Solo puedo decir que, desde 2020, mi plan sigue en marcha y he conseguido todo lo que ponía en el Excel al pie de la letra, así que espero que pueda servir a alguien más toda esta serie de artículos.
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